10 mayo 2009

Un ejemplo de verdadero valor, para imitar

Fue el mejor promedio de la primera promoción de abogados que se recibió de la UCES en Río Grande, se llama Guillermo Pérez, este hombre de 44 años y padre de cuatro hijos, quien es todo un ejemplo al esfuerzo y a la dedicación que muchos deberíamos seguir.

Contó con la gran ayuda de su esposa Mirta y de sus cuatro hijos para poder terminar sus estudios.

«El premio no sólo es terminar la carrera y ser el mejor promedio, es de mi familia y de todos los que me prepararon; interminables horas de estudio para finales y parciales con mis compañeros de la facultad, este logro es el esfuerzo de muchos», asegura Guillermo Pérez, quien lejos de amilanarse, estudió y se recibió de abogado.

Un detalle para algunos, pero por demás importante y que dejamos para lo ultimo, es que Guillermo es ciego, por eso su esfuerzo es doblemente valorado y un ejemplo, no solo para sus hijos, sino para todos nosotros que ante la primera dificultad muchas veces bajamos los brazos.


El jueves recibió su diploma de la UCES en el acto realizado en la Facultad Regional Río Grande, acompañado por su familia, la misma que lo ayudó en sus seis años de estudio. Su esposa Mirta fue un pilar en todo ese proceso, ella era quien le leía por interminables horas durante los primeros años. Y sus cuatro hijos también, «la más pequeña cuando comenzó a leer a los siete años le leía el Código Civil y la Constitución», cuenta Mirta.

Guillermo tiene 44 años, a los 29 quedó ciego por un glaucoma, pero esto no fue obstáculo para recibirse de abogado, un título que consiguió en seis años de carrera. «Fui tratado médicamente luego operado pero no dio resultado», recuerda.

Los primeros años no fueron fáciles. «Fue un primer tiempo de luto no aceptando mi condición de ciego hasta que se hizo prácticamente imposible vivir con esta situación y decidí hacer algo porque tenía hijos muy pequeños. Tenía dos opciones, o continuar encerrado o hacer algo, y decidí hacer algo».

Pudo superarlo y comenzó una etapa de capacitación donde buscó conocer las capacidades que podía desarrollar para hacer otra cosa. «Indagar sobre las capacidades y talento es lo que me llevó a incursionar en la guitarra, como hobbie».

Así luego de cursar el profesorado superior de guitarra dio sus primeros pasos como docente. Después surgieron otras opciones como comenzar a cursar la carrera de abogacía en el año 2003.

La bibliografía para leer y para estudiar era el principal desafío. «Ya tenía algún entrenamiento específico para discapacitados sensoriales y el estudio anterior me ayudó a organizarme metodológicamente», relata.

Mirta le leía en los momentos que podían siempre buscando algún espacio. En la Universidad grababa las clases y las escuchaba luego en casa, cuando necesitaba ampliar el tema Mirta le leía los apuntes y libros que le daban los docentes.

Siempre inquieto, no se quedaba sólo con los libros que le daban sus docentes, buscaba otros, en la biblioteca de la UTN, y bibliografía que le prestaban abogados.
Guillermo dice que los mejores aliados que tuvo fueron sus familiares, sus amigos y compañeros.

Pero también la tecnología lo ayudó, de empezar con un grabador con cassette, pasó a utilizar uno digital, pudo comprar una computadora con un software especial para no videntes y adaptó su teclado con caracteres Braille. Con ese programa pudo elaborar su tesis. Ahora piensa que llega el momento de la verdad, de ejercer su profesión.

Fuente de Consulta: Blog Crónicas Urbanas Fueguinas

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